
Mi amigo es un hombre muy atractivo y mira que me fastidia reconocerlo.
Como él, he pasado la barrera de lo cincuenta años, una edad donde ya se puede hablar de la vida; con su pelo completamente blanco, su elegancia al vestir, siempre de negro (pero no de Armani)
Que desde que lo dejó con su mujer, es trabajo y casa, casa y trabajo. _ Que es lo que le digo yo.
¡Qué a casa no te van a venir a buscar!
_ Total que le apunté a una página para encontrar pareja._ ¡Que en buena hora! Porque, que paliza me da sobre su elección y sólo a conocido a dos mujeres, pero ahora no se decide; que si una es rubia pelo corto, pechos operados, cuerpo cincelado a base de gimnasio, culta muy culta, callada, sólo habla cuando tiene que decir algo interesante, tiene un cuerpo diez, me repite en horas de conversación al teléfono._ ¿Entonces dónde está la duda?
_ En la otra mujer.
_ ¿La celulitis es fea verdad? _ Me pregunta.
Sí, a mi no me gusta una mujer pasada en kilos _ le digo.
_ Si vieras como se ríe, cuando come me paso las horas disfrutando de la manera tan sensual que tiene de comer.
Aquella noche acompañe a mi amigo, me recuerdo en un rincón de la barra del bar, ese bar que tiene siempre la misma mirada de los poetas y actores de cine en blanco y negro; ellos no han cambiado. Nosotros, los que acudimos al bar en busca de una cerveza, tertulias banales y algo más, sí que hemos cambiado. Tenía un cigarrillo en la mano (lo de dejar de fumar todavía no va conmigo). La gente era mucho más joven que nosotros. Con la mezcla de música y griterío apenas la vi llegar. Mi amigo nos presentó.
_ Encantada de conocerte, Rafael me ha hablado mucho de ti _ dijo con acento francés.
La observé, casi como el que va a ayudar a un amigo a comprar un coche.
Pelo negro, tez oscura, parecía de origen Marroquí, pero era de Salamanca, después de una larga conversación me presente_ Soy Ildefonso.
Me gustaba que me mirase, yo que le había dicho a mi amigo que las mujeres pasadas en kilos no me atraían para nada.
Pero ella era todo erotismo, sus manos moviéndose, como si dibujase ilusiones en el aire, escuchaba con atención y contestaba con esa chispa que da la vida cuando, se han dejado atrás las lágrimas de tristeza, para dar paso a una vida siendo consciente de quien eres.
Había hecho muchas horas a la caza de llevarme una mujer a mi cama, pero nunca había conocido una mujer así.
Me parecía más una historia de ficción que real.
Era inteligente, tenía sentido del humor, sí, celulitis, pero benditos sean esos muslos y esa espalda con piel de seda!
Esa noche terminamos los tres en la cama.
No sé si Rafael habrá decidido pasar el resto de su vida con esa mujer; pero yo esa noche no la voy a olvidar.