martes, 18 de enero de 2011

El Domund y la Cantina

Era un lugar prohibido; desde el pulpito de la iglesia se nos adoctrinaba en los años sesenta para que no entráramos en la cantina del pueblo.
Ninguna niña se atrevía a entrar en la cantina , con una hucha del Domund en la mano.

¡Algo oscuro se escondía en la taberna¡ Pasé la puerta haciendo sonar mi hucha y el olor a serrín mojado y vino malo me impactó, los hombres que estaban apoyados en el mostrador me examinaron de arriba abajo sin disimulo, el lugar era pequeño y no había mucha gente, pero sus voces y el humo de los cigarrillos llenaban el espacio.
Salió detrás del mostrador Paco “el mellaochillándome ¿Cómo te atreves a entrar a pedir limosna en mi taberna?

Mas tarde con los años comprendí algunas cosas.
Durante la guerra Civil se había salvado “El mellao”, con otros hombres del pueblo de que le subiera a un remolque y se lo llevaran a “Dar el paseo” apareciendo en alguna tapia del cementerio o alguna cuneta con un tiro en la nuca.
Cuentan que fue Don Cipriano el párroco que estuvo en los años de la contienda quien se colocó delante del remolque y grito “que se tenían que llevar primero a él por delante”.

África.


15 comentarios:

El Drac dijo...

Qué bueno que el mellao sea agradecido con el párroco, y no permita que en un antro como ése entren las niñas. un gran abrazo

Cesar dijo...

No hay quien me quite de pensar que lo único que deseaban los hombres es un espacio propio en donde refugiarse del poder de las mujeres....jejejeje...Que aún no hace un año que presencié cómo una dama le infringía a su marido tamaña bronca delante de todo el bar por estar tomándose un pincho fuera de horas..

Belén dijo...

Bueno, recuerdo lo de domund como si fuera ayer... y no todo el mundo era muy agradecido ;)

Me ha gustado ese sabor añejo de tu historia :)

Besicos

Miguel Baquero dijo...

No acabo de entender el porqué de la reacción de El mellao y esa inquina que parece tener hacia lo religioso

José Luis dijo...

Tu historia ha removido los cimientos de mi memoria. Hasta al nombre de Don Cipriano, que era mi maestro en la Escuela, aquella en la que nos arremolinábamos los inviernos en torno a la estufa de carbón.

Ya va haciendo tiempo.

Gracias por tu visita, y mi puerta está abierta.

Josep Julián dijo...

Hola África:
hece tiempo que no te visitaba y he decidido darme una vuelta. Me ha encantado la historia del mellao. Hay que ver lo sólidas que pueden llegar a convertirse las relaciones cuando hay un buen motivo.
Un abrazo.

Mayte_DALIANEGRA dijo...

Hola, Äfrica querida, curiosa historia con reminiscencias de uan guerra que partió un país y a sus gentes, por la mitad. Me ha gustado mucho tu forma de relatarlo.

Un beso enorme, mi niña y dsifruta mucho del fin de semana.

La sonrisa de Hiperión dijo...

Un fin de semana más me tienes paseando entre tus cosas. Siempre geniales. Buen weekend.

Saludos y un abrazo.

J.Carlos dijo...

¡Qué recuerdos del domund!, me ha gustado la historia, tantas como hay con la guerra civil y sus consecuencias, aún pasados muchos años.
Besos

Alex B dijo...

Me ha gustado mucho el relato, Africa.

(te perdias el cole cuando ibas con la hucha)
:)
Un beso

Camy dijo...

Muy real estas historias de convivencia en los pueblos, y sus costumbres. No recuero, fíjate, que no dejaran entrar en la cantina.
en este caso El Mellao, aunque nada más fuese por el cura que le salvó podía haber hecho la vista gorda.
Un beso

Raúl dijo...

Recuerdos de otros tiempos, África.
Bien plasmado, además.
Un abrazo.

Humberto Dib dijo...

Tus historias logran hacerme aprender cosas nuevas y me transportan a momentos no vividos, eso me sirve com persona y como escritor.
Te dejo un cariño.
Humberto.

Mari Carmen dijo...

Madre mía, qué tiempos... Yo también lo recuerdo. Y aquellas cantinas-bares donde sólo reinaban los hombres porque las mujeres se quedaban en casa y sólo salían para ir a 'la plaza'(a comprar) y a barrer la puerta.

Un abrazo, África :)

VolVoreta dijo...

Mala época aquella; El Mellao tendría sus razones para actuar de aquella manera...

Te dejo un beso.