
¡Estás preciosa!
Y un sudor frió le mojó el cuello, ¡hace tanto tiempo que no se lo dicen, mirándola a los ojos!
Tumbada en el sofá con ese pijama comprada en el mercadillo, que aun la hace más gorda, toma un yogur desnatada, mientras en TV, mira a esas mujeres tan perfectamente operadas.
¿Ella nunca será así de deseada?
Se ha comprado un lápiz de labios que le da un tono rosada, Elvira tiene una mueca sensual; hace días que ese hombre la espera en el banco de madera que está cerca de su casa.
Sale a la compra al supermercado del barrio y él la sigue, al principio, no se dio cuenta hasta que el día que fue a la pescadería, la estaba esperando a la salida; vestía pantalón vaquero, playeros y camisa de cuadros, gafas de montura; y una planta imponente, pensó - ¿será un parado de larga duración, como yo?,
Fue el día que saliendo del supermercado, le vio salir tras ella con una botella en la mano, sintió una desazón extraña, el desconocido la había estado siguiendo durante toda la compra, se sentía fea, mientras miraba la lista que siempre llevaba para no comprar ningún producto que le hiciera engordar; eso era lo que ella pensaba; que su marido la veía gorda, por eso, ese desprecio con que la trataba.
El día que el hombre del supermercado, le guiñó un ojo, cuando se agachaba para meter la leche desnatada en el carro de la compra, se sintió tan entusiasmada, que aceptó el papel que llevaba escrito su número de teléfono, - “quiero tomar un café contigo”.
Si te digo que te quiero, es que te quiero, mujer de poca fe,- le dijo al día siguiente en el café, llevo año y medio detrás de ti. Y estas preciosas.
Elvira se estaba empezando a sentir mejor, incluso con el pijama tan hortera.
África