miércoles, 7 de julio de 2010

He roto todos mis poemas

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Lucía se ha levantado a la hora de todos los días, hoy tiene un día tranquilo en el hospital, aunque su trabajo nunca se puede decir que sea sosegado; ayer dijo a su amante que quiere verle; mañana comienza sus vacaciones de verano; nunca se encuentran en el lugar de trabajo, por eso Javier, siente que algo extraño está pasando.
Hace unas semanas decidieron dar el paso de irse a vivir juntos; los dos pedirían cambio de trabajo en otra ciudad. Javier puede moverse con cierta libertad en su actividad profesional.
Después de su primer encuentro, donde Lucía miraba al interior de su vacío, mientras su marido coqueteaba con las muchachas del bar, y se encontró con unos ojos que la hablaban; sentía que el amor por Javier era nuevo. El la insistía que amar era besar una y otra vez sus labio, sus hombros sus pechos, pero Lucía se preguntaba si recordaría cuando le dijo que amarla era entrar en su cuerpo y en su alma, conocer sus recuerdos, su mundo su pasado y su futuro.
De futuro venia hablarle.
En la cafetería ella mas guapa que de costumbre, pero con un rictus en la boca, que solo tiene en los momentos de mucha tensión.
- Voy a tener un hijo dijo Lucía sin atreverse a mirarle a los ojos. Javier dejó la taza en la mesa, con ansia para que sus manos queden libres y poder tocar las de su amor, el ruido de fondo, es incluso más molesto que el de la vuvuzelas en el mundial de Sudáfrica. Dirás vamos a tener un hijo.

Hace años inicie los trámites de adopción con mi marido, tenía plena seguridad, ¡no te conocía!
¡No puedo renunciar a ello, es el hijo que siempre he estado esperando!

Javier, aun sigue sentado con su café en la mano.

África